viernes, mayo 05, 2017

El 4 de mayo del año ...

***   ... 1986 gran triunfo el obtenido por el Niño de la Capea en la Monumental Plaza de México en el cuarto toro de la tarde, "Samurai", al que hizo una de las mejores faenas realizadas por el salmantino en el coso de Insurgentes. Gran parte de culpa tuvo el noble animal que le cupo en suerte y al que por su bravura, nobleza y transmisión se le perdonó la vida. Tras acabar con el que abrió plaza hubo de dar la vuelta al ruedo.

Se celebró una corrida con toros de Begoña en la que el español estuvo acompañado por el mejicano Manolo Arruza y el hidrocálido Miguel Espinosa (Armillita Chico). En ella se rindió homenaje al tenor continental Pedro Vargas con motivo de sus 80 años de vida, los seis toros que saltaron al ruedo fueron bautizados por el licenciado Alberto Bailleres con nombres que hacían alusión a los adjetivos con que fue denominado el cantante a lo largo de su larga y brillante carrera. Pisaron la arena, por orden de salida: "Incomparable", "Continental", "Artista", "Samurai", "Gran Amigo" y "Tenor".

Manolo Arruza se lució en los suyos y le concedieron en ambos un apéndice. Armillita Chico apechugó en primer lugar con un toro que no hizo honor a su nombre, fue la oveja negra del encierro y el torero recibió un aviso. Se desquitó con creces en el último de la corrida al que tras una brillante faena lo mató de una gran estocada, le concedieron el primer rabo de su carrera en esta plaza.

Como epílogo curioso a este festejo cabe resaltar que al día siguiente a las ocho de la mañana se preparó todo para curar las heridas de "Samurai", se encargó de ello el doctor don Javier García de la Peña. Fueron varias personas las que ayudaron al guarda de la plaza Armando Morales (Moralitos) en las labores que se llevaron a efecto, una de ellas fue Felipe Sánchez al que encargaron estar al tanto de una puerta. Una vez realizada la cura el toro se vio libre de ataduras y remató sobre el portón vigilado por Felipe, consiguió abrirlo dejando al descubierto a dicho empleado que se vio arrinconado a merced del astado, le infirió ocho cornadas en cabeza, brazos, tórax y piernas, pero por fortuna ninguna de ellas mortal. Fue atendido en el quirófano de la plaza por el doctor don Javier Campos Licastro.


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