lunes, octubre 13, 2014

El 12 de octubre del año ...

***   ... 1966 serio borrón el caído sobre la Maestranza sevillana durante el último festejo celebrado esa temporada para conmemorar el día de la Hispanidad.
Se anunciaron seis toros de don Celestino Cuadri de los cuales dos fueron rechazados, y el de rejones, del marqués de Albaserrada, pasó a la reserva, se lidió en su lugar uno de los cuatro restantes de don Celestino Cuadri. Los tres últimos fueron de la ganadería de don José María Soto de la Fuente.
El cartel estaba formado por el rejoneador sevillano Antonio Ignacio Vargas y los diestros Rafael de Paula, Emilio Oliva y Paco Pallarés que componían la terna de a pié. Paula y Pallarés se presentaban como matadores en el coso sevillano.

Salió a la arena el primero de lidia ordinaria, "Lince", negro zaíno, con 463 Kg., y Rafael, que no andaba sobrado de valor, no lo quiso ni ver. Tras una faena que no existió comenzaron a sucederse los pinchazos, sonaron los tres avisos y salieron los cabestros a retirar del redondel al toro. En vista de que "Lince" se resistía a seguir a los mansos, el presidente autorizó a José Muñóz Falcón (Lebrija), puntillero de la plaza, a que le diera la puntilla.

No le resultó complicado a Lebrija hacerlo ya que sin abandonar el callejón, el animal tenía el hocico en el filo de la barrera, sólo tuvo que estirar el brazo para descargar el golpe.
Lo insólito vino a continuación cuando parte del público le dio una gran ovación y hubo quien pedía la oreja para el puntillero. Sin pensárselo dos veces el ególatra Lebrija saltó a la arena, una vez que las mulillas se llevaron al toro, y ni corto ni perezoso, dio una insólita vuelta al ruedo entre aplausos y protestas, durante la misma se encaró con un espectador y tuvo que intervenir la fuerza pública.

Si penosa fue esta bufonada más irritante y grave resultó lo que el presidente de la corrida, el comisario don Tomás León, afirmó al final del festejo. Armado de razón dijo que permitió dar la vuelta al ruedo al puntillero porque el público la pidió y que si hubieran solicitado con más insistencia la oreja, no habría dudado en sacar el pañuelo.

¡Olé, por los presidentes con criterio!. A lo largo de sus funciones como delegado de la autoridad, ¿cuántas orejas ganadas a ley por los toreros dejó de conceder por capricho y falta de igualdad de ánimo?.

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