lunes, octubre 06, 2014

¡Caray con el tal Pedro Romero!

***   ...  Algo exagerados parecen ser algunos de los preceptos que Pedro Romero sintetizó en las ocho máximas que debían tener en cuenta aquellos que quisieran dedicarse al arte de torear. Se gestaron a partir de las disertaciones que el maestro, con sus setenta años, rodeado de amigos y gente influyente, daba en la rebotica que tenía en Madrid don Antonio Moreno Boto. El maestro rondeño tenía muy claro que: "ante el peligro, la vida se mantiene dignamente cuando dignamente se la desprecia".


Según su buen saber y entender, estas fueron las normas que debían presidir la Real Escuela de Tauromaquia:

 I  - El cobarde no es hombre, y para el toreo se necesitan hombres.
II -  Más cogidas da el miedo que los toros.
III- La honra del matador está en no huir ni correr jamás delante de los toros teniendo muleta y
      espada en las manos.
IV- El espada no debe saltar nunca la barrera después de presentarse al toro, porque esto es ya caso
       vergonzoso.
 V- Arrimarse bien y esperar tranquilamente la cabezada; que el toro ciega al embestir y con nada se
      le evita el derrote.
VI- El torero no debe contar con sus pies, sino con sus manos, y en la cara de los toros debe matar o         morir antes que volver la cara o achicarse.
VII- Parar los pies y dejarse coger; éste es el modo de que los toros se consientan y se descubran
       bien para matarlos.
VIII- Más se hace en la plaza con una arroba de valor y una libra de inteligencia que al revés.

Seguro que todos aquellos profesionales que hayan leído estas normas se habrán preguntado: ¿Qué clase de líquido pimplaba Romero durante sus disertaciones en la rebotica?.




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